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Sus efectos y cómo compensarlos.
Lo que hay que saber sobre el CO2.
También denominado dióxido de carbono, es uno de los gases de efecto invernadero (G.E.I.) que contribuye a que la Tierra tenga una temperatura habitable.

Y es que, contrariamente a lo que parece, el CO2 como tal no está considerado contaminante. Sólo lo es a partir de cierta cantidad del mismo en la atmósfera, momento en que se sobrepasan los niveles y pasa a ser nocivo.
¿Cómo y por qué el C02 pasa a ser nocivo?
En los últimos años la cantidad de CO2 en la atmósfera ha presentado un significativo aumento, debido a los grandes cambios experimentados por la sociedad en los últimos dos siglos. Y este aumento es el que podría contribuir al llamado “calentamiento global del planeta”, puesto que tiene efectos directos sobre el cambio climático.*

Entre sus principales fuentes de emisión se encuentran las que producen los vehículos, que funcionan por combustión. A ellas se unen otras como las emisiones naturales, causadas por los incendios o la propia combustión de la biomasa; y otras generadas por la actividad del hombre como la siderurgia, las calderas industriales, y el refinamiento de petróleo, o los nuevos hábitos de la sociedad, entre otras.

En este sentido, se calcula que al año una persona puede emitir de media casi 10 toneladas de emisiones con actividades tan cotidianas como viajar, encender la luz, la calefacción o el aire acondicionado. Reducirlas o compensarlas es objetivo prioritario de todos. Y para ello surgieron iniciativas como el Protocolo de Kyoto y otros proyectos que orientados a informar a las personas sobre cual es su volumen de emisiones y el modo de reducirlas o compensarlas.
¿Y cuáles son sus riesgos?
Los riesgos de éste incremento van desde una subida del nivel del mar, hasta el aumento de la desertización, pasando por un rápido ascenso del número de incendios forestales y unas considerables crecidas fluviales. Todos ellos especialmente peligrosos no sólo para el planeta, sino para todas las especies que convivimos en él.
¿Cómo evitarlo?
Un simple cambio de hábitos cotidianos, el desarrollo de energías limpias o la reforestación de árboles, son algunas de las iniciativas que pueden ayudar a evitar o compensar este aumento de emisiones.
* El aumento de la concentración de CO2, junto con la de los demás gases de efecto invernadero (CO, vapor de agua, metano, óxidos de nitrógeno y ozono) provoca el aumento de la absorción atmosférica en la zona infrarroja, por lo que gran parte de ésta radiación solar que incide en la Tierra queda atrapada entre la parte inferior de la atmósfera y la superficie terrestre (lo que se conoce como el “efecto pantalla”), provocando un aumento de la temperatura media de las zonas donde se produce este fenómeno. El CO2 es el responsable de la tercera parte del efecto invernadero natural.
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